Prisionera de sus propias manos

La verdad es que mi afición a la lectura a veces me hace leer cosas incluso de mujeres… En cierta ocasión en una consulta médica encontré un ejemplar de la revista “Siempre Mujer” …y me cautivó un artículo basado en la vida de una modelo… La llamaban “La mujer de las manos Perfectas”.

 

Tenía manos bellas, bellísimas…. No había ninguna imperfección en ellas… Todo —las uñas, los nudillos, la piel, la palma— revelaba la más exquisita perfección… Eran manos perfectas en su forma, en la largura y en la elegancia de los dedos. Eran, en fin, manos bellísimas, sugestivas, en cualquier posición que las pusiera.

Pero esas manos perfectas de la modelo Patricia Tyler, se habían convertido en su obsesión, en su drama… más aun, en su esclavitud.

La verdad es que Patricia, por orden de sus agentes, las tenía en tan alta estima que no podía hacer nada con ellas… ni lavar, ni cocinar, ni planchar, ni tejer, ni bordar… ni siquiera estrechar la mano de otra persona. Por razones de contratos, tenía que mantenerlas perfectas…. Su mayor belleza llegó a convertirse en su mayor angustia.

¡¡¡Amigos!!!… He aquí un caso excepcional…. Patricia tenía manos tan perfectas que se exhibían en fotos de publicidad… Con ellas se hacía la propaganda de anillos, de pulseras… de cigarrillos, de lapiceros… y de mil artículos más en que era necesario presentar manos hermosas.

Pero lo que era su mayor belleza y su mayor fuente de ingresos… ya que ganaba miles de dólares al año con esas manos, era también su mayor preocupación, su mayor obligación y su mayor angustia.  Sus manos la dominaban, la esclavizaban, la despojaban de su libertad y le robaban la felicidad… Tanto era así que, a pesar de todo lo que ganaba, Patricia llegó al extremo de decir, que hubiera sido más feliz con manos rugosas y callosas… pero manos de ama de casa… de madre… de abuela… La ironía del caso es que se volvió prisionera de lo que pudo haberle dado libertad económica.

 

¡¡Saben Amigos !!…” No todo lo que brilla es oro”, dice el refrán…. La vida está llena de paradojas… porque las cosas no son necesariamente como aparentan ser a primera vista…. Lo que parece provechoso —como el dinero, la belleza, el físico, la voz y los talentos— puede convertirse en una desventaja… Los artistas de cine conocen muy bien la presión de esa paradoja.

Lo cierto es que todos somos esclavos de algo o de alguien… y la cosa o la persona a la que servimos puede llegar a convertirse en nuestro amo… Eso es lo que sucede cuando servimos al pecado.                                        Por eso Jesucristo dijo … “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”.  A Dios gracias que Él nos permite escoger en qué… o a quién hemos de servir… En estos tiempos que todavía recibimos las secuelas de esta terrible pandemia, mucha gente busca la manera más fácil de recuperarse económicamente… y para esto se despojan de sus valores y de sus creencias que han guardado por años…  y así es fácil resbalar y caer en el pecado.

No hay mejor posesión en esta vida que la paz que da Cristo, amarlo, creer en Él… seguirlo y contar con su amistad es la mayor riqueza…, la mayor alegría, el mayor tesoro que el ser humano puede disfrutar… Ya que hemos de ser esclavos de alguien, seamos esclavos por amor, de Cristo. Él es un amo fiel, justo y bondadoso, entregue hoy mismo su corazón a Cristo, mañana puede ser muy tarde. –

 

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