Nada con exceso

Cuando me enteré del caso de esta tremenda atleta quede muy pensativo… seguramente que si le digo que me refiero a  Christy Henrich…su nombre no le va a recordar mucho…pero ella era la rival más seria que tuvo Nadia Elena Comaneci en los juegos olímpicos de Montreal en 1976.

 

Christy, comenzó a entrenar a los cuatro años de edad… A los diez, ya había ganado varios premios… Su pasión era la gimnasia de exhibición… Su sueño, ganar medallas de oro en los juegos olímpicos.

A los dieciséis años, en una de las competencias…, estuvo a punto de sacar el puntaje perfecto… Todos le auguraban un brillante porvenir… Pero Christy, joven gimnasta escandinava…, tenía un problema… Estaba obsesionada con la idea de que estaba engordando…, aunque no era así.

A los diecinueve años ya no pudo competir más…. Su obsesión la había dominado…. Finalmente, a los veintidós…, Christy Henrich falleció… Murió de anorexia nerviosa…, pesando sólo veintinueve kilos…. Su obsesión la había matado.

Amigos!!!… He aquí una joven que pudo haber tenido grandes éxitos… Perfeccionó su arte… Ganó muchas medallas. ..Alcanzó la perfección, casi a la altura de Olga Korbut, la atleta rusa…, o Nadia Comaneci, la rumana…. Pero le entró la obsesión de la gordura. .. Desoyó los consejos de médicos y familiares…,  y dejó de comer…. Y su bello cuerpo se fue consumiendo hasta que le fallaron todos los órganos.

 

Saben?’… Las obsesiones, las fobias, las pasiones y las ansiedades… pueden dominar todo nuestro ser a tal grado que nos hacen inútiles…. Los afanes de la vida, por ejemplo, cuando controlan la voluntad, se vuelven destructivos.

Tenemos que aprender a matizar nuestra existencia… “Nada con exceso” esa  era la máxima de Epicteto…, el estoico filósofo griego del siglo primero de nuestra era.

Mis queridos amigos… Dios no nos hizo para las obsesiones…, las pasiones, los frenesíes y los fanatismos… Nos hizo para la sobriedad…, la mesura, el equilibrio…, la armonía.

 

 

El apóstol Pablo nos escribe en la carta a los Filipenses Cap. 4:6  “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”…  Vivir libres de pasiones y obsesiones es la clave de la vida prudente…, moderada y satisfecha.

 

Esa es la vida que Dios quiso que su creación llevara… Pero ahora asoma la pregunta…, ¿cómo puede el ser humano despojarse de tantas fobias y obsesiones? … Entregándole su vida a Cristo…. La persona que no tiene a Cristo en el corazón será para siempre  víctima de pasiones desorbitadas…

Es que sólo Jesucristo —Señor, Salvador y Maestro perfecto— puede darnos esa estabilidad…, ese equilibrio y esa moderación ideal…. Cuando Él entra a nuestro corazón…, transforma nuestro modo de pensar…, y todos nuestros móviles cambian…. Sometámonos a su divina voluntad… Él quiere ser nuestro mejor amigo…hagámoslo hoy…mañana puede ser muy tarde.-