Rom. 8:27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
En Wellington, Florida, después de que robaran de una escena del nacimiento una valiosa estatuilla en cerámica del niño Jesús, los oficiales policiales, tomaron medidas para impedir que los ladrones volvieran a tener éxito.
Un artículo periodístico describió cómo colocaron un dispositivo de GPS dentro de la estatuilla de reemplazo. La siguiente Navidad, cuando el niño Jesús volvió a desaparecer, la señal guio a los policías hasta la vivienda del ladrón.
¿Saben Amigos(as)?… Hay momentos cuando las circunstancias difíciles o las pérdidas personales pueden hacernos sentir que nos robaron a Cristo de nuestra Navidad.
¿Cómo podemos encontrar a Jesús cuando la vida parece ir en contra de nosotros?
Al igual que un GPS espiritual, Romanos 8 nos guía hacia el amor y la presencia constantes de Dios en nuestra vida. Leemos que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestras debilidades e intercede por nosotros (v.27). Sabemos que Dios está a nuestro favor (v.31). Y tenemos esta gran seguridad: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (v.32). Finalmente, se nos recuerda que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús (vv.38-39).
Busquemos a Jesús en el pesebre, en la cruz, resucitado de entre los muertos y en nuestros corazones. Allí es donde podemos encontrarlo en Navidad.
Si sólo nos centramos en la Navidad, podríamos perder de vista a Cristo. En esta Navidad separa un momento de tu tiempo para meditar en lo mejor de ella: Cristo.
Hno. Gunder.
