Lucas 19:28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén.
19:29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos,
19:30 diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo.
19:31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.
19:32 Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
19:33 Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
19:34 Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.
Una vez un filósofo preguntó: “Si hipotéticamente Jesús y Platón regresaran a la tierra y por única vez se presentarán para hablar el mismo día y al mismo tiempo, sin la presencia de cámaras, ni medios de grabación, ¿a cuál irías a escuchar?” Concluyó: “Aunque fue uno de los más grandes pensadores de la historia ¿quién pensaría siquiera en ir a oír a hablar de la verdad a Platón, si tiene la oportunidad de oír a quien es la verdad?”.
La entrada de Jesús en Jerusalén fue apoteósica, la multitud reunida en Jerusalén a causa de la Pascua, respondió de manera muy similar al filósofo. En aquel momento reconocieron el enorme valor sin igual de nuestro Señor, sin embargo, había algo en Él que les inquietaba, Jesús entra calmadamente montado en un pollino (un joven asno, normalmente aun no domado), luego visita el templo y regresa a Betania. (Mateo 11:11).
Quizás alguno pensaría que hubiera sido más adecuado para el joven Mesías, haber montado un esplendoroso y brioso caballo de guerra, pues esperaban que fuese el elegido, el esperado, Aquel que los liberaría del yugo romano.
El pueblo podía ver que había algo diferente en Jesús, “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29). Mas no le entendían verdaderamente, ni a su misión final la cual consistía no en liberarlos de la esclavitud física, sino liberarlos de la opresión de un enemigo aún más fuerte, los liberaría del dominio de Satanás.
¿Honramos a Jesús por ser quien es o tan sólo por lo que esperamos que haga por nosotros? Honrar implica obedecer, renunciar al ego, permitir que Él crezca y el yo mengue.
Jesús es más que un hombre de dichos sabios y una vida intachable, Jesús es Dios y debe ser el Rey de nuestras vidas y nosotros debemos someternos a nuestro Señor.
“¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo, y gloria en las alturas!” (Lucas 19:38).
Hno. Gunder
