Mateo 9:27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!
9:28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.
9:29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.
9:30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
9:31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Jesús deja la casa de Jairo para dirigirse a otra casa, en la cuidad de Capernaúm. Jesús está caminando con sus discípulos, sin duda están hablando sobre lo que acaba de suceder, con respecto a sembrar la Palabra de Dios en la vida de las personas, y que debemos ser sensibles con los que compartimos. A la distancia dos hombres ciegos los siguen.
Ahora cierra tus ojos y trata de imaginar que eres ciego. imagina ir tras Jesús con tu amigo que también es ciego. Ninguno de los dos puede ver. ¿Cómo puede seguir a alguien cuando no se le puede ver? Quizá siguieron la voz de Jesús, o iban entre el tumulto de la multitud llevándolos en la dirección correcta. Debió ser muy difícil. Sin embargo, ellos estaban determinados en hablar con Jesús, así que siguieron motivados. Mientras lo siguen, ellos están gritando: “¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!” ¿Por qué razón estos hombres ciegos llaman a Jesús, ¿Hijo de David? Hijo de David era una forma de decir Mesías. Tal vez conocían la profecía en el libro de Isaías. La cual habla que el Mesías va a dar vista a los ciegos.
Cuando Jesús llega a la casa, los ciegos se le acercan. Jesús los detiene, reconoce su ceguera y les pregunta si ellos creen que Él es capaz de sanarlos. Ellos dijeron que SI. Así que Jesús tocó sus ojos, les habló Palabra de Dios restaurando su vista.
¡Amigos (as)!… Aquí observamos el problema con las personas inconversas. Es un problema de visión. La mayoría de personas sin visión, están enfocados en ellos mismos, sus familias, o sus cosas. El mundo gira alrededor de ellos, son los reyes de su propia oscuridad. Cuando predicamos las Buenas Nuevas, nos cruzaremos en nuestras vidas, con personas que están ciegas. Ellas deben reconocer su ceguera, preguntarles si creen por fe que Jesús puede sanarlos. Tocar sus ojos y hablarles palabras de verdad. Levantar su mirada de sí mismos y dirigirla a Jesús.
Si tienes una persona sin visión en tu vida: papá, hermano, hija, sobrina, amigo, ámales lo suficiente para llevarlo a Jesús, quien puede restaurar su vista y levantar su cabeza. Jesús ama darles la vista a ciegos espirituales.
Hno. Gunder
