
Isaías 53:2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra
seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin
atractivo para que le deseemos.
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el
rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y
abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados.
Hoy es Viernes Santo. Este día en el calendario cristiano
reconoce y representa la entrega, la persecución y la muerte de
Jesucristo. En la Iglesia Evangélica no estamos muy cómodos con
este día. En algún sentido está bien, porque la crucifixión de
Cristo nunca debe llegar a ser rutina. Si vemos la cruz como un
adorno o un símbolo, nada más, hemos perdido todo el poder de
este día. Debemos estar incómodos.
A la vez, no nos gusta estar molestos, especialmente por la
brutalidad de Viernes Santo. No es muy popular en nuestros
círculos enfocarnos en la cara desfigurada de Jesús o en su
espalda ensangrentada. Es muy duro. Preferimos el Cristo
victorioso, ¿no? Y dejamos que la Iglesia Católica celebre este día
con sus procesiones y misas.
Hace pocos años la Película de Mel Gibson «La Pasión de Cristo»
llegó a los cines. Provocó un montón de discusiones y reacciones,
entre ellos el argumento de que la representación de las escenas
fue demasiada violenta, demasiada descarada.
Nos golpeó en una forma asombrosa con la sangre, el dolor, y el
sufrimiento del Jesús de la Película. No es el tipo de película que
escogemos para ponernos de buen humor.
Aunque no nos gusta admitirlo, Jesús no fue un hombre hermoso,
extremadamente guapo, con el parecer de una estrella de
Hollywood. Isaías 53 nos aclara este asunto. En nuestra lectura
bíblica al comienzo, nos enfrentamos con la realidad de lo que
Cristo hizo por ti. Sí sufrió, sí fue horrible y violento. Fue
maltratado por ti y por mí. Murió en esa cruz por ti y por mí.
Es mi deseo que este Viernes Santo sea un tiempo para
contemplarlo una vez más, y permitir que nos transforme una vez
más.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados. (Isaias 53:5)
Pastor Gunder.