1° Cor. 14:6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?
7Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?
8Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?
9Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.
10Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado.
Hace un tiempo atrás, asistíamos a un paseo de nuestra congregación en un lugar rodeado de naturaleza y jardines esplendorosos, aproveché la oportunidad para saludar y hablar con personas con quienes durante los servicios normales no logro conversar.
Algunos eran personas que conocía desde hacía años, y traté de ponerme al día con los detalles de sus vidas, mientras también nosotros les contábamos parte de nuestras historias y planes para el futuro; todos disfrutamos de aquel hermoso entorno que era cuidado por personas con conocimiento y amor por las plantas. Luego de pensarlo por un momento me di cuenta de que aquella situación se asemejaba un poco a cómo debe funcionar la iglesia: un pequeño remanso de tranquilidad, que presenta algunas similitudes con el cielo, pero en la Tierra. ¿Saben? … Un jardín es el lugar donde cada planta se coloca para crecer.
Los jardineros preparan el suelo, protegen las plantas de las plagas y se aseguran de que reciban nutrientes, agua y luz solar. El resultado es un sitio hermoso, colorido y fragante, donde la gente disfruta.
Del mismo modo, la iglesia debe ser un lugar donde todos deben trabajar juntos en amor para la gloria de Dios y el bien común, en donde cada uno florezca al vivir en un entorno seguro y también pueda suplir las necesidades de los demás (1°Cor. 14:26). Tal como las plantas que están bien cuidadas, las personas que crecen en un medio saludable tienen un aroma agradable que atrae a otros hacia Dios, ya que exhiben la belleza del amor divino. La iglesia perfecta no existe, pero es al menos el lugar más cercano donde podemos experimentar un anticipo del cielo en nuestro mundo.
¿Cómo puedes ayudar a mejorar la salud de la iglesia? Pídele al Señor que te ayude a servir a otros como lo hizo Cristo.
Y sigue las palabras del Apóstol… “Y anden en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios” (Efesios 5:2).
Hno. Gunder.