FORTALECE TU DEBILIDAD

Hechos 8:4 Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes
anunciando el evangelio.
8:5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les
predicaba a Cristo.
8:6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que
decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
8:7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos
dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;
8:8 así que había gran gozo en aquella ciudad.
Cuando el hombre perdió su trabajo, debido a que la compañía en
la cual trabajaba decidió cerrar sus puertas porque lo que
producían ya no era consumido, el hombre altamente capacitado
se encontró desempleado de un momento al otro.
Una noche, después del estudio bíblico, habló de su situación y la
describió como algo difícil y humillante, pues ahora había
conseguido un puesto mucho más sencillo y de menos
reconocimiento, pero declaró: “Algo bueno que puedo decir al
respecto de mis nuevos empleadores, es que reconocen mi
compromiso con el trabajo y que parecen muy interesados en mi
fe, eso me hace sentir mucho mejor”. Un miembro del grupo
respondió: “Admiro tu humildad.  Sé que tu fe, te ha ayudado a
salir adelante en este momento difícil”.
Como en el caso de este hombre, Felipe tal vez se preguntó por
qué Dios lo había sacado de su misión en Samaria (He. 8:4-8), para
hacerlo aparecer en medio del desierto (v. 26). Sin embargo, más
tarde descubrió que el etíope necesitaba ayuda para entender las
Escrituras (vv. 27-35), y su situación cobró sentido.
Cuando Jesús prometió que no nos dejaría solos (Mat28:20), se
refería tanto a los momentos difíciles como a los buenos. Nuestra
misión en las etapas complicadas de la vida es trabajar o servir
recordando que estamos haciéndolo para Dios; y después,
observar mientras Él obra para llevar a cabo sus propósitos.
Busca al Señor en medio de tus dificultades y descubre lo que está
haciendo allí, en y a través de ti. Nuestra misión en este mundo va
mucho más allá de ganar un buen salario o tener una casa muy
confortable.
Nuestra verdadera misión es compartir con otros lo que hemos
aprendido en nuestro andar de fe, y cómo esto nos brindará
acceso a la vida eterna.

No olvidemos las recomendaciones del Apóstol … “Sean sus
costumbres sin amor al dinero, contentos con lo que tienen ahora
porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te
desampararé” (hebreos 13:5).

Hno. Gunder.