Lucas 22:39 “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.
40Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
41Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,
42diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
43Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”.
A veces nos quedamos mirando hacia atrás, cargando culpas y heridas como si fueran parte de nuestra identidad. El texto nos recuerda que Jesús sintió una presión enorme en el huerto, pero no se quedó allí pidiendo que pasara la copa; en cambio dijo: “Sin embargo, que se haga tu voluntad, no la mía” (Lucas 22:42).
De la misma manera, cuando Elías se sintió solo y quiso morir, Dios le dio descanso y luego lo impulsó a levantarse porque todavía tenía un propósito que cumplir (1° Reyes 19:7). La lástima nos paraliza, pero Dios nos ve con un plan de bienestar y esperanza. Dice Jeremias 29:11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Cuando decides soltar la autocompasión, empiezas a ver que nadie te debe nada y que el único que puede restaurarte es Dios.
En lugar de repetir “pobrecito de mí”, puedes orar como David: “Devuélveme el gozo de tu salvación” (Salmos 51:12). Esto significa revisar tus oraciones y actitudes: ¿estás pidiendo con lástima o con confianza? Cada vez que notes que tu mente te dice que fra-ca-sarás, responde con la verdad de que, en Cristo ya eres nueva criatura y que lo viejo pasó (2° Cor. 5:17).
Nunca estes solo(a), “no es bueno que le hombre este solo” (Gen. 2:18), porque vendrán muchos pensamientos negativos sobre ti, y no sabrás como enfrentarlos, es importante aprender a rodearse de personas que nos edifiquen espiritualmente.
Siempre he dicho que una persona sola es presa fácil del enemigo, por ende, estar rodeado es algo necesario en este caminar en Cristo. Rodearse de la gente correcta, de aquellos que te ayudan a crecer en la fe, y no de aquellos que solo te consumen y no aportan.
Ama a todos con el amor que Dios te da, pero aprende a caminar con aquellos que juegan un papel importante en tu crecimiento espiritual.
Hno. Gunder.