Marcos 12:38 Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas,
12:39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
12:40 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.
Lucas 20:45 Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos:
20:46 Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
20:47 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.
El Señor hace una advertencia muy fuerte a la gente y a sus discípulos, acerca de los líderes religiosos; que habían tenido la responsabilidad de guiarles por los caminos de Dios.
A los maestros de la ley y los fariseos se les había concedido el gran privilegio de interpretar la ley para su pueblo (Deut.17:9), entonces, en la medida en la que sus enseñanzas estuvieran de acuerdo con las escrituras, debían seguirlas. Sin embargo, el problema eran sus obras, ya que no había concordancia entre lo que decían y hacían, habían fallado enormemente al añadir reglas y tradiciones humanas adicionales a lo revelado en las escrituras (Mat.15:3).
Eran culpables de poner cargas insoportables a otros, que ellos mismos no estaban dispuestos a llevar, eran estafadores de viudas, pues muchas veces actuaban como administradores de los bienes de ellas, convenciéndolas de dar mucho al “templo” o a su “trabajo” como escribas, eran culpables de orgullo y jactancia.
Usaban filacterias, que eran cuatro tiritas de cuero en las que escribían Éx. 13:2; 13:11; Deut. 6:4; 11:13, y las que metían en pequeñas cajas de cuero que sujetaban a su cabeza con tiras de cuero, alrededor de la frente, también en algunos casos hacían una caja igual, la cual sujetaban a la mano (Deut.6:8).
Usaban también flecos en sus vestidos, que terminaban con un cordón color azul (Núm. 15:37), con el fin de recordar los mandamientos y ponerlos por obra. Pero ellos los alargaban para que se vieran más; hay que recordar que el Señor mismo usó este tipo de aditamentos (Mateo 9:20; 14:36).
Eran culpables de creerse superiores a otros, adoraban los lugares de honor, los reconocimientos en las plazas y sobre todo que la gente les dijera Rabí (Maestro), pero no eran maestros de la Palabra, eran maestros de la soberbia y de la auto adulación.
¿Saben?… Es muy sencillo creer que somos superiores, que los demás deben ver nuestros méritos y alabarnos; cuidado, el Único que merece honor y gloria en nuestro Dios… Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu. (Prov.16:18).
Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería el fracaso.
Hno. Gunder.