UNA FALSA PAZ ESPIRITUAL

Jeremías 2:3 Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová.

2:4 Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.

2:5 Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos?

2:6 Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?

2:7 Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad.

Aunque muchas personas siguen acudiendo a Cristo como único medio para obtener perdón y salvación, cada día otro gran número de personas, rechaza a Jesús y busca la paz espiritual utilizando otros medios.

Actualmente, nuestro mundo occidental está siendo bombardeado por filosofías orientales, dentro de las que se encuentran el budismo o el hinduismo, entre otras. Estas filosofías utilizan disfraces de clases de auto superación, seminarios para encontrarse a uno mismo, grupos para “salvar” el planeta y reuniones organizadas por seguidores de la Nueva Era, para mencionar algunos. Sin embargo, lo que está detrás de todo esto, son actividades místicas y diabólicas (2 Timoteo 4:3), que llegan inclusive al final de todo el proceso, a la adoración de deidades paganas (Efesios 4:14). Algunos de estos grupos usan pasajes de la Biblia fuera de contexto, y hasta mencionan el nombre de Jesús con el fin de tratar de hallar apoyo a sus ideas equivocadas, pero ninguna de estas seudo religiones, indica que Jesús sea la única forma de obtener salvación.

En nuestra lectura bíblica, leímos que en los días de Jeremías muchos israelitas se habían alejado de Dios y se habían adaptado a creencias religiosas paganas de su época, por cierto, muy similares a las de las Nueva Era. Jeremías lo explica de la siguiente manera: “Me han abandonado a mí, que soy fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua”. (Jerem. 2:13).

Tanto los dioses del tiempo de Jeremías como los de la Nueva Era, no valen nada, no tienen poder, no están vivos, no pueden apagar realmente la sed que tienen las almas de quienes los buscan, no pueden perdonar pecados, ni pueden asegurarnos el cielo; tan sólo alguien puede hacer eso y se llama: Jesús.

Solamente Jesús tiene agua viva, sólo Él puede apagar tu sed espiritual.

Cuéntales a otros sobre Jesús, para que también puedan beber del agua viva verdadera.

Pero tengamos muy presente la advertencia del profeta… “Porque dos males han hecho mi pueblo: Me han abandonado a mí, que soy fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua” (Jeremías 2:13).

Hno. Gunder.