
Efesios 3: 17 Para que habite Cristo por la fe en vuestros
corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos
cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento,
para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho
más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el
poder que actúa en nosotros,
21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades,
por los siglos de los siglos. Amén.
A menudo buscamos a Dios en oración, clamando por respuestas,
soluciones o bendiciones. Pedimos sanidad, puertas abiertas,
restauración, provisión. Y Dios, en su infinita bondad, escucha
nuestras palabras. Pero hay algo aún más importante que
debemos recordar.
Dios no se limita a la bendición que pedimos. Él hace mucho más.
Dios ve lo que nosotros no podemos ver, sabe lo que ni siquiera
podemos imaginar. Cuando creemos que él ha actuado, nos damos
cuenta de que su plan era incluso mejor que el nuestro.
Él no solo abre una puerta, sino que prepara todo el camino. No
solo sana el cuerpo, sino que renueva el alma. No se limita a
transformar las circunstancias, sino que transforma los corazones.
La mayor bendición de Dios no es lo que recibimos, sino en quién
nos convertimos al confiar en él. A veces el Señor no responde
como queremos, pero siempre responde como necesitamos.
Su tiempo es perfecto, su amor es inmensurable y su gracia es
suficiente. No limites tu fe a lo que puedes ver o entender, Dios
obra en lo invisible, en el silencio, en lo imposible.
Si hoy esperas una respuesta, recuerda: Dios está haciendo más
de lo que pediste. Te está preparando, moldeando y guiando hacia
un propósito mayor.
Confía, espera, insiste, porque lo que Dios ha preparado va más
allá de la bendición. Y cuando él cumpla, entenderás que valió la
pena esperar por lo que solo él podía hacer.
Presenta tus peticiones ante Jehová, pero confía en que él puede
responder de maneras más grandes y mejores de lo que imaginas.
Mientras esperas la respuesta, sigue obedeciendo, sirviendo y
creciendo espiritualmente. Dios obra en el proceso, no solo en el
resultado final. Piensa en cómo está moldeando tu carácter y
fortaleciendo tu fe. La mayor victoria puede no ser lo que recibes,
sino en quién te conviertes.
Oremos de esta manera:
Señor, confío en ti, incluso cuando no entiendo. Sé que tienes
planes más grandes que los míos y que obras más allá de lo que
puedo pedir o imaginar. Fortalece mi fe, ayúdame a esperar con
paciencia y a ver tu mano en cada detalle. Que viva no solo para
las bendiciones, sino con un propósito.
Hno. Gunder.