DIOS ENJUGARÁ TODA LAGRIMA

Apocalipsis 21: 3 Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.
4 Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».
5 Y el que estaba sentado en el trono dijo:
«¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza»

¡Qué preciosa promesa de nuestro Dios amoroso! El final definitivo de la muerte y de todas las consecuencias terribles del pecado, nos debe llenar de esperanza, alivio, y confianza en Jesús en los tiempos más difíciles. El mensaje restaurador de nuestro Señor nos garantiza la comunión eterna con él en un tiempo nuevo, sin sufrimiento.

Dios te va a preparar para soportar los dolores y las aflicciones de este mundo, en el peregrinaje de tu vida aquí. Recuerda que Dios está contigo y tiene preparado un propósito más elevado, en un tiempo lleno de cosas nuevas, de consuelo, y paz. Ya no habrá más muerte, ni llanto, ni dolor, violencia, injusticia, ni tristezas… ¡Nunca más! El Señor estará contigo y te llenará de la verdadera felicidad.

Entrega todo caos, sufrimiento, o situación difícil a Dios. Ora y derrama tus lágrimas, tu dolor y tu luto delante de Jesús. El dijo “venid a mi los que estáis cargados y trabajados, yo os hare descansar” (Mat. 11:28). Jesús carga contigo tu costal pesado.

Cree por encima de las circunstancias. Cuando estamos tristes y afligidos es fácil hablar amargamente o perder la esperanza, pero confía en el Señor. ¡Él es siempre fiel!

Lee, memoriza y medita en la Palabra del Señor, siempre es útil recurrir a las Escrituras, principalmente en los tiempos difíciles.

Recuerda que la vida aquí en la tierra es pasajera. ¡Anhela el cielo! Desea más que las alegrías terrenales, disfrutar de la alegría eterna.

Oremos:

Señor nuestro Dios, ¡ayúdanos! Tanto dolor, tantos sufrimientos, problemas, muertes, violencia y angustia por todos lados. Que todos los ojos se vuelvan a ti, pues solo tú tienes palabras de vida eterna, justicia real y el consuelo que necesitamos. Yo te entrego toda aflicción, todo desaliento y seguiré confiando en ti de todo corazón. Quédate con nosotros hoy y siempre, amén.

Hno. Gunder.