Jueces 6:3 (NTV) Cada vez que los israelitas sembraban sus cultivos, venían saqueadores de Madián, de Amalec y del pueblo del oriente, y atacaban a Israel. 4 acampaban en territorio israelita y destruían las cosechas hasta la región de Gaza. Se llevaban todas las ovejas, las cabras, el ganado y los burros, y dejaban a los israelitas sin qué comer. 5 estas multitudes enemigas, que venían con sus animales y sus carpas, eran como una plaga de langostas; llegaban en numerosas manadas de camellos, imposibles de contar, y no se iban hasta que la tierra quedaba desolada. 6 Así que Israel se moría de hambre en manos de los madianitas. Entonces los israelitas clamaron al Señor por ayuda.
A veces la opresión, el miedo, la escasez o la tristeza no desaparecen, porque intentamos resolverlo todo con nuestras propias fuerzas.
En esta porción bíblica, vemos como Israel sufre durante años la escasez y la opresión, hasta reconocer que necesitaba volver a Dios.
¿Saben amigos (as)?… La fe no consiste en negar la realidad, sino en mirarla con honestidad, y recordar que Dios puede hacer lo que nosotros no podemos. Por eso, pregúntate y responde con sinceridad: ¿qué área de mi vida he estado tratando de controlar sin Dios? Reconocer tu condición no es una derrota, es el comienzo de la restauración. Como dijo Jesús: “separados de mí no pueden hacer nada” (Juan 15:5 NTV).
El endurecimiento del corazón, también puede esconderse detrás del resentimiento, el orgullo, la ansiedad, o la necesidad de demostrarles algo a los demás. Dios no revela nuestras heridas para destruirnos, sino para sanarnos.
El hijo pródigo tuvo que reconocer que se alejó y necesitaba volver a la casa de su padre; la Biblia dice: “Cuando finalmente entró en razón…” (Lucas 15:17, NTV).
Hoy puedes hacer lo mismo, identifica aquello que te está robando la paz, confiésalo delante de Dios y busca su ayuda, pídele al Señor que te de sabiduría, porque la necesitas.
Hno. Gunder.