Jeremías 33:2 Esto dice el Señor, el Señor que hizo la tierra, que la formó y la estableció, cuyo nombre es el Señor: 3 pídeme y te daré a conocer secretos sorprendentes que no conoces acerca de lo que está por venir. 4 Pues esto dice el Señor, Dios de Israel: ustedes derribaron las casas de esta ciudad y hasta el palacio real a fin de conseguir materiales para fortalecer las murallas contra las rampas de asalto y contra la espada del enemigo. 5 ustedes esperan luchar contra los babilonios, pero los hombres de esta ciudad ya están como muertos, porque en mi terrible enojo he decidido destruirlos. Los abandoné debido a toda su perversidad.
En el ritmo acelerado de la vida diaria, entre tantas obligaciones, dificultades y dudas, es común sentirse perdido o desamparado. Una de las grandes verdades que nos revela la Palabra de Dios es que Él está siempre disponible para escucharnos.
No hay ningún momento inoportuno. El Señor, creador de todas las cosas, siempre está dispuesto a escucharte. Él nunca está demasiado ocupado para ti. La oración no requiere un lugar específico, ni un lenguaje elaborado, ni un ritual complicado. Hablar con Dios es un acto de fe e intimidad. Puedes hablar con Él en el silencio de tu habitación, en medio del tráfico, en un descanso en el trabajo o incluso en medio de una tormenta emocional. Él escucha la voz de tu corazón.
Dios es un Padre amoroso que desea tener una relación con sus hijos. Cuando le abrimos nuestro corazón, encontramos paz, dirección, consuelo y fortaleza. Aunque el mundo diga que estamos solos, la presencia de Dios nos rodea, nos sostiene y nos guía. No esperes el “momento perfecto” para orar. Ora en tu momento, comparte tus alegrías, dudas, miedos y planes. Entrégale tus cargas, y confía en que Él está obrando, incluso cuando no logres ver nada cambiando.
Recuerda … el camino al cielo siempre está abierto, tienes acceso directo al trono de la gracia. Habla con Dios en cualquier momento, porque Él te ama y escucha tu voz. Cuando lo hace, descubrirás que incluso en los días más oscuros, hay luz, esperanza y propósito.
Este es el mejor momento para hablar con Dios, no necesitas palabras rebuscadas ni largas oraciones. Habla con Dios como hablarías con un amigo cercano, comparte lo que sientes en tu corazón, con honestidad y fe. No esperes una emergencia u ocasión especial para orar, habla con Dios mientras caminas, conduces, trabajas o cuidas de tu hogar.
Aun cuando parezca que nada cambia, cree que Dios te escucha. Su respuesta puede llegar de maneras inesperadas, pero siempre en el momento oportuno y de la mejor manera.
Ora de esta manera:
Señor Dios mío, gracias por estar siempre ahí, incluso cuando me siento solo(a). Ayúdame a recordar que puedo hablar contigo en cualquier momento. Calma mi corazón, fortalece mi fe, y guía mis pasos. Que nunca olvide que me escuchas y que cuidas de mí. Enséñame a confiar en tu voluntad, y a buscar tu presencia cada día. En el nombre de Jesús, amén.
Hno. Gunder.