Apocalipsis 22:20 El Espíritu y la novia dicen: “¡Ven!”; y el que escuche diga: “¡Ven!” El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.
18A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro.
19Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro.
20El que da testimonio de estas cosas, dice: “Sí, vengo pronto.” Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.
Estimados amigos y amigas, permítanme una pregunta, quizás muy personal… ¿Cómo está tu esperanza en Jesús?
¿Saben?… Vivimos en tiempos en los que la fe se pone a prueba. Muchos han puesto su esperanza en cosas pasajeras, pero la Palabra de Dios nos llama a mirar hacia arriba, a aquel que es fiel y verdadero.
La esperanza cristiana no se basa en situaciones favorables, sino en la persona misma de Jesucristo. Él venció la muerte, resucitó y prometió regresar. Esta promesa no es vaga ni lejana. Es viva, real y transformadora. Cuando declaramos “Maranatha”, afirmamos que esperamos al Señor no con temor, sino con expectativa, fe y amor.
Esperar a Jesús es vivir vigilantes, con el corazón alineado con la voluntad de Dios, es permanecer fiel, amar cuando el mundo enseña a odiar, perseverar cuando todo parece difícil. El regreso de Cristo nos recuerda que esta tierra no es nuestro destino final y que hay una gloria eterna reservada para quienes permanecen firmes en la fe.
Jesús vendrá para restaurarlo todo, enjugar toda lágrima y establecer su reino en plenitud. Esta verdad fortalece nuestro caminar diario y renueva nuestra esperanza. No caminamos solos; caminamos sostenidos por la promesa de aquel que nunca falla.
Oro y hago votos al Señor para que nuestra esperanza esté firmemente puesta en Cristo, y no en las cosas de este mundo. Vivamos cada día preparados, con las lámparas encendidas y corazones llenos de fe. Hasta que él venga, proclamemos con convicción y alegría: Maranatha, ¡ven, Señor Jesús!… Nuestra fe esta puesta en vivir el hoy, con nuestra esperanza puesta en la eternidad, afirma tu fe en las promesas bíblicas, recordando a diario que Jesús es fiel, soberano, está presente y cumplirá todo lo que ha dicho.
Vive en santidad y vigilancia, sabiendo que tu esperanza crece cuando obedeces la Palabra del Señor, y esperas a Cristo con constante perseverancia.
Mantener la comunión, la oración y el amor al prójimo fortalece el corazón, renueva la fe y la esperanza, y nos prepara para el regreso de Jesús. Esta vez oremos así:
Señor Dios, te alabamos porque nuestra esperanza está en ti. Renueva nuestra fe, fortalece nuestros corazones y ayúdanos a vivir con vigilancia, firmes en tu Palabra. Que el Espíritu Santo nos guíe en santidad, amor y perseverancia mientras esperamos con alegría el glorioso regreso de Jesús. Afírmanos en nuestras luchas diarias y haznos una luz en este mundo… En el nombre de Jesús, amén.
Hno. Gunder.