REVISA EL EQUIPAJE

2° crónicas 25:1 De veinticinco años era Amasias cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalén: el nombre de su madre fue Jordán, de Jerusalén.

25:2 Hizo él lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no de perfecto corazón.

25:3 Y luego que fue confirmado en el reino, mató a los siervos que habían matado al rey su padre;

25:4 Pero no mató a los hijos de ellos, según lo que está escrito en la ley en el libro de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres; más cada uno morirá por su pecado.

25:5 Reunió luego Amasias a Judá, y con arreglo a las familias les puso jefes de millares y de centenas sobre todo Judá y Benjamín. Después puso en lista a todos los de veinte años arriba, y fueron hallados trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenían lanza y escudo.

Luego de haber experimentado un éxito en nuestras vidas, tomemos un momento para revisar nuestro equipaje, puede ser que hayamos vuelto a casa, con algo que definitivamente no necesitamos.

En la lectura devocional leímos del rey Amasías que luego de seguir el buen consejo de un hombre de Dios, obtuvo una gran victoria en el campo de batalla (2°Crón. 25:7). Pero por increíble que parezca, Amasías volvió con algo que no debía traer en su equipaje: “trajo consigo los dioses de los hijos de Seír y los puso como dioses para sí, y se inclinó ante ellos y les quemó incienso” (v.14).

Existe un momento crítico luego de cualquier éxito en nuestras vidas en el cual somos especialmente vulnerables, ya que puede asomarse una pequeña tentación llamada orgullo y arrogancia. Podemos pensar que hemos logrado la victoria tan sólo por nuestras propias y maravillosas habilidades; que en realidad nos merecemos todos los halagos aun de las personas que sabemos que no tienen las mejores intenciones; cuando nos sentimos alegres porque hemos derrotado a nuestro rival al ganar la mejor calificación; o al convertirnos en jefes de quienes nos adversaban y que ahora podemos hacerles pasar un mal rato.

Al hacer esto, estamos trayendo a nuestra vida todas aquellas injusticias por las cuales en algún momento luchamos, y que sabemos son incorrectas; esas cosas malas que traemos de vuelta del campo de batalla se convertirán en la razón de nuestra caída.

Nunca olvidemos agradecer a Dios primeramente por las victorias que hemos obtenido, no agreguemos a nuestro equipaje cosas que no necesitamos. El mayor enemigo en la vida cristiana es el exceso de confianza en nosotros mismos.

Por tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, vístanse de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia” (Colosenses 3:12

Hno. Gunder.