Salmos 66:1 Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.
2Cantad la gloria de su nombre;
Poned gloria en su alabanza.
3Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras!
Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.
4Toda la tierra te adorará,
Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre. Selah
5Venid, y ved las obras de Dios,
Temible en hechos sobre los hijos de los hombres.
«Sigue viajando. Sigue . . .» cantaban los adolescentes del grupo Coral. Acababan de cantar las primeras cinco palabras de su concierto por la noche cuando todo se oscureció. Toda la energía se había ido. Bueno, no toda la energía. No la verdadera energía.
Los estudiantes siguieron cantando. Se encontraron linternas para alumbrar al grupo coral mientras cantaba todo su repertorio sin acompañamiento.
A la mitad del concierto, la directora, le pidió a la congregación que cantase junto con el grupo coral. Fue un momento en que se nos puso la carne de gallina cuando el nombre de Dios fue elevado en esa iglesia a oscuras. La palabra «Aleluya» nunca pareció tan celestial.
Antes del concierto, todos habían trabajado duro para asegurarse que todo el equipo eléctrico estuviera funcionando. Pero lo mejor que pudo suceder fue que la energía se fuera. Como resultado de ello, el poder de Dios se resaltó. La luz de Dios, no la luz eléctrica, brilló a través de todo. A Jesús fue dada toda la alabanza.
Algunas veces nuestros planes se vienen abajo y nuestros esfuerzos no son suficientes.
Cuando suceden cosas que no podemos controlar, debemos «seguir viajando» y recordar de dónde viene el verdadero poder para la vida piadosa y la verdadera alabanza. Cuando nuestros esfuerzos fallan, necesitamos seguir alabando y elevando a Jesús. De todos modos, se trata de Él.
Canta a tu Señor, no importa si tienes una voz bella o una voz no tan afinada.
Recuerda se trata de Él y no de ti.
Dijo el salmista… “Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
Y haced oír la voz de su alabanza”.
Hno. Gunder.
