
Mateo 24:29 E inmediatamente después de la tribulación de
aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,
y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán
conmovidas.
30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y
entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo
del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran
gloria.
31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus
escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta
el otro.
En medio de todo este panorama de destrucción descrito para
esta gran tribulación, encontramos la luz al final del camino.
Posterior a aquellos días, habrá una señal que es común a los
eventos del día del Señor, “se oscurecerá el sol y no brillará más la
luna, las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán
sacudidos” (Is. 13:9, 10; Ez. 32:7). Luego de todo el caos
provocado por los eventos descritos por los profetas y ampliados
por Juan en Apocalipsis, habrá un momento cumbre que es la
señal del hijo del Hombre, Jesús mismo es la señal, con Su
gloriosa presencia.
Su segunda venida nos muestra una nueva revelación de nuestro
Señor, en esta fase, a diferencia de su primera venida, el Señor
vendrá con poder y gran gloria, con sus ejércitos celestiales,
provocando angustia a sus enemigos, quienes lamentarán haber
rechazado todas las oportunidades que el Señor les presentó.
Luego de todo esto se reunirán los elegidos, y el reino prometido a
Su pueblo finalmente empezará con Cristo como Señor y Rey.
Todas las profecías tendrán Su cumplimiento efectivo, Cristo
regresará estés o no de acuerdo.
Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante
que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo
del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los
pensamientos y las intenciones del corazón. – Heb.4:12.
Pastor. Gunder.