DOMINGO DE PASCUA

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Apenas unos días antes, Jesús había sido escarnecido, golpeado y
ejecutado; sin embargo, la muerte no pudo con Él. El Domingo de
Resurrección [también conocido como Domingo de Pascua],
¡celebramos que ha resucitado!
Jesús venció al pecado y a la muerte. ¿Qué significa esto?
Significa todo. El hecho de que Jesús haya resucitado de entre los
muertos —tal como dijo que lo haría— cambió la trayectoria de la
eternidad.
Es interesante que en los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas
y Juan) Jesús predijo en varias ocasiones su resurrección de entre
los muertos. De hecho, iba a ser la señal que demostraría que en
verdad era el Mesías. El hecho de que este acontecimiento
realmente ocurriera y quedara registrado en cada uno de estos
libros es sumamente importante: tan importante que es la
diferencia entre la vida y la muerte; el cielo y el infierno.
Si Jesús hubiera sido solo un líder religioso que fue perseguido por
sus enseñanzas y ejecutado por el gobierno romano, sería
—tristemente, pero simplemente— uno más en la larga lista de
mártires de la historia. Muy probablemente, ni siquiera
recordaríamos su nombre dos mil años después.
Pero Jesús no fue un mártir más. Él es el Hijo de Dios, «el camino,
la verdad y la vida» (Juan 14:6) y venció lo que nadie más habría
podido vencer. Venció a la propia muerte. Por eso el apóstol Pablo
exclamó: «… se cumplirá lo que está escrito: “La muerte ha sido
devorada por la victoria”. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” 1 Corintios 15:54-57.
El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la
ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de
nuestro Señor Jesucristo!».
La obra consumada de la Cruz
Juntos, el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección nos
muestran el amor y el poder de Dios: el camino hacia la
reconciliación con Él.
En su muerte y resurrección, Jesús tendió un puente entre
nosotros y Dios —el puente que une la grieta causada por nuestro
pecado— e hizo posible que tuviéramos una relación personal con

Él. Ahora, en lugar de temer a la muerte, los que invocamos a
Jesús como Salvador podemos entenderla como el comienzo del
Cielo y de la eternidad con Cristo. Como dijo Pablo en 2 Corintios
5:8 «Así que nos mantenemos confiados, y preferiríamos
ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al Señor».
Si nunca te has arrepentido de tu pecado delante de Dios; si nunca
has buscado el perdón de Jesús ni lo has aceptado como tu
Salvador, te animo a que lo hagas hoy. Jesús tomó tus pecados y
murió por ti. Él pagó la pena que tú no podías pagar. Y más que
eso…
¡Él conquistó la muerte y está vivo hoy! ¿Vivirás para Él?

Pastor Gunder.