Hechos 17:16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.
17Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.
18Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.
19Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?
20Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.
Dentro de las colecciones que exhibe la Biblioteca Nacional, en Dublín, Irlanda, se encuentra una amplia colección de fragmentos antiguos de la Biblia, donde destacan algunos que datan del siglo II. Una de las muestras es una porción de Hechos 17:16.
El mensaje que contiene este antiguo fragmento sigue siendo tan actual como el día en que Lucas lo escribió, y dice lo siguiente: “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él al ver que la ciudad estaba entregada a la idolatría”. El apóstol Pablo estaba muy disgustado por la proliferación de ídolos en la antigua Atenas, y sin duda también hoy se disgustaría por este motivo si viviera en nuestros días.
Puede ser que algunos de los ídolos que tenemos en la actualidad luzcan un tanto diferentes a los que el apóstol señalaba; pero, si les damos una mirada más cercana, vamos a encontrarnos con que en el fondo siguen siendo los mismos: riqueza, fama, poder, ego, prestigio, y podemos seguir enumerando una serie de ídolos que nos atraen hacia sus garras.
La labor de Satanás es seducirnos para alejarnos del camino angosto, y que en su lugar adoremos a estos “dioses” de papel.
Debemos tener cuidado ya que ser creyentes, no nos hace inmunes a estas trampas del enemigo, cuyo fin es hacer que no cumplamos la misión para la cual hemos sido llamados, llevar las buenas nuevas de salvación y conocer cada día más al Señor.
Debemos aferrarnos a Dios y alejarnos de esos “ídolos” modernos, con el fin de servir al Dios vivo y verdadero (1 Tes. 1:9).
Profundicemos nuestra relación con Dios, hablemos con Él, estudiemos su Palabra, crezcamos con otros creyentes y compartamos su Palabra con quienes aún no han oído las buenas nuevas.
Como dice la biblia… “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).
Pastor Gunder.
