PROCURA TENER UN CORAZON AGRADECIDO

1° Tes. 5:18 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.

16Estad siempre gozosos.

17Orad sin cesar.

18Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

19No apaguéis al Espíritu.

20No menospreciéis las profecías.

21Examinadlo todo; retened lo bueno.

22Absteneos de toda especie de mal.

Probablemente, conoces alguien medio amargado que vive quejándose de todo, con el ceño fruncido y malhumorado… Es difícil convivir con gente así, ¿verdad? Siempre ven la vida más sombría y triste, de lo que es en realidad, y contaminan a todos a su alrededor con su negativismo. Tal vez no solo conoces a alguien, sino que hasta te estás convirtiendo en alguien ingrato y desmotivado. ¡Ten cuidado! Tu vida puede parecer difícil, pero observa todas las áreas. ¡Verás que tienes muchos motivos para agradecer!

¿Saben? … A los israelitas les parecía pésimo el desierto, pero fue pasando por allí que se libraron de la esclavitud de Egipto. También fue en el desierto donde pusieron su confianza en acción, dependiendo de Dios. Allí vieron milagros: la presencia de Dios en la nube durante el día, en la columna de fuego por la noche, el agua que brotó de la roca y el maná que cayó del cielo. El Señor los sustentaba diariamente y él también te sustenta a ti.

Agradece siempre: ¡Confía y agradece! La voluntad de Dios para sus hijos es que vivan por la fe en Jesús, y que sean agradecidos en todas las cosas. Dios ha tenido contigo muchos actos de bondad…recuérdalo.

El simple hecho de estar respirando ahora ya es motivo para agradecer. Vive motivado(a) por la fe en la Palabra de Dios, y no movido por los sentimientos que las circunstancias te provocan.

Separa un momento de tu día para detenerte, orar y contemplar las maravillas de Dios. Da gracias por el nuevo día, por los alimentos, por la salud, por la familia, por el trabajo, por los estudios, por la iglesia, por tus amigos… Dios sustenta tu vida, ¡dale las gracias!

Elimina de tu vida tanto reclamo y tanta murmuración. Llena tu corazón con gratitud y acciones de gracias.

Comparte la gracia de Dios. Demuestra a los demás que la fe en el Señor Jesús puede traer esperanza, alegría y actitudes de agradecimiento.

Para orar: Querido Padre celestial, gracias por cuidar mi vida. Gracias porque puedo hablar, andar, oír, ver, pensar. Gracias porque ahora mismo estoy respirando. Perdóname si he sido ingrato y dame un corazón agradecido. Gracias por enviar a tu Hijo Jesús para salvarnos y perdonarnos. Gracias porque abriste mis ojos para ver esa Verdad que me liberta todos los días. Gracias te doy por la salud, por el sustento diario y por las personas que has colocado a mi lado. Te agradezco por lo que eres, Señor. ¡Gracias por todo! Amén.

Hno. Gunder.