Hageo 1: 3Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo:
4¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?
5Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos.
6Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
7Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
8Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová.
Amigo, imagina volver a tu casa después de años de ausencia y encontrarla en escombros: muros caídos, cenizas por todos lados, solo ruinas que gritan un pasado glorioso pero destruido. Así le pasó al pueblo de Israel al regresar de 70 años de esclavitud en Babilonia. En lugar de reconstruir el templo de Dios primero, cada uno se apuró a arreglar su propia casa lujosa, diciendo: «Todavía no es el momento». Dios, a través del profeta Hageo, les dice: «¡Miren lo que les está pasando! Siembran mucho y cosechan poco; comen sin saciarse, beben con sed, sus sueldos se van como en bolsillos agujereados» (Hageo 1:6, NTV). ¿Te suena familiar? A veces nos acostumbramos tanto a nuestras «ruinas» –problemas espirituales, apatía, conformismo– que ni las olemos, como quien vive con olor a pescado y no lo nota. Reflexiona: ¿Estás priorizando tu comodidad sobre lo que Dios quiere primero en tu vida?
Pero Dios no te deja ahí; te sacude para que veas la verdad y actúes. El pueblo se había vuelto pasivo, confundiendo gratitud con resignación, viviendo como zombis espirituales entre desorden.
El pastor nos recuerda que donde hay escombros, hay material para un nuevo edificio. Dice 2° Cor. 5:17: «Las cosas viejas pasaron, He aquí son hechas todas de nuevo». No importa tu pasado de pobreza, fracasos o herencias limitadas –estudiar sin computador, trabajar rompiendo piedras o perder todo en un negocio–, eso no es excusa para quedarte estancado. Piensa profundo: ¿Cuántas veces has dicho «peor es nada» o «no hay tiempo», postergando el cambio? Dios te invita a despertar: reconoce tus ruinas hoy, no mañana.
Hno. Gunder.