Apocalipsis 1:13 (NTV) Y de pie en medio de los candelabros había alguien semejante al Hijo del Hombre. Vestía una túnica larga con una banda de oro que cruzaba el pecho. 14 La cabeza y el cabello eran blancos como la lana, tan blancos como la nieve, y los ojos eran como llamas de fuego. 15 Los pies eran como bronce pulido refinado en un horno, y su voz tronaba como potentes olas del mar.
En uno de nuestros viajes familiares, tuvimos la increíble oportunidad de visitar el “salto del Laja” en Chile, donde se puede apreciar uno de los saltos de agua más sorprendentes del mundo. La gran cantidad de cascadas nos dejaron sin aliento, pero lo que más nos impresionó del lugar, no fue ni el panorama ni el agua que salpicaba, sino el ruido. Era más que ensordecedor; sentimos como si el propio sonido nos envolviera. Fue una experiencia asombrosa que nos hizo recordar lo pequeños que somos.
Teniendo eso en mente, no pude evitar pensar en el apóstol Juan, en Apocalipsis 1:15. Mientras estaba en la isla de Patmos, tuvo una visión de Jesús. El apóstol describió a Jesús en la gloria de su resurrección y detalló su vestimenta y sus cualidades físicas. Después, señaló que la voz de Jesús era como el “estruendo de muchas aguas” (v. 15).
No entendí las implicaciones de esas palabras hasta que visité ese lugar, y quedé impresionado ante el ruido estruendoso de las cataratas. Cuando aquellas potentes aguas me recordaron lo pequeño que soy, comprendí mejor por qué el apóstol Juan cayó como muerto a los pies del Señor (v. 17).
Quizás esta ilustración te ayude a captar la majestuosidad de la presencia de Jesús, y te impulse a seguir el ejemplo de Juan; al adorar a nuestro extraordinario Salvador.
¡Tenemos un gran Dios! Reconócelo, respétalo, alábalo, y adóralo.
Pongamos en práctica las palabras de Jesús… “Jesús, le dijo: Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, Y a él solo servirás” (Lucas 4:8).
Hno. Gunder.