Lucas 10:17 Cuando los setenta y dos regresaron, dijeron contentos:
—Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
18 —Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo —respondió él—. 19 sí, les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones y vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño. 20 sin embargo, no se alegren de que puedan someter a los espíritus, sino alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo.
Dios no nos creó para vivir en miedo, debilidad o derrota. En Cristo, se nos da autoridad para enfrentar cualquier adversidad y triunfar sobre las obras de las tinieblas.
El enemigo puede tratar de intimidarnos, pero la Palabra de Dios nos asegura que … “mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo” (1°JN 4:4)
La autoridad que Jesús nos dio no se basa en nuestra fuerza, sino en el poder de su nombre. Cuando caminamos en obediencia y fe, el cielo nos apoya. No somos víctimas de las circunstancias. ¡somos embajadores del reino! Cuando predicamos la Palabra, los cielos se mueven, las cadenas se rompen y ocurren milagros.
El poder del Espíritu Santo, habita dentro de nosotros. Esto significa que no solo tenemos autoridad sobre el enemigo, sino que también se nos ha dado el poder para cumplir nuestra misión en la Tierra. Si Dios nos llamó, ¡nos dio poder! No importa el desafío, el conocimiento de su palabra, la fe y su gracia es suficiente; porque su poder se perfecciona en nuestra debilidad. (2° Cor. 12:9). Fuimos creados para ejercer dominio: Gén 1:28 dice que Dios nos hizo para gobernar y ser fructíferos. Esto no significa dominio sobre las personas, sino sobre las situaciones de la vida, sobre el miedo, la ansiedad y todo intento del enemigo de paralizarnos. Fuimos creados para ejercer dominio.
La autoridad, el poder y el dominio están en tus manos, porque Cristo vive en ti. Estudiando su Palabra, alejaras la duda, aumentaras la fe y avanzaras hacia todo lo que Dios tiene para tu vida. No estás solo(a), ni eres débil, porque Dios está contigo.
Poniendo en práctica tu autoridad en Cristo, enfrentaras los desafíos con fe, sabiendo que Dios ya te ha dado la victoria sobre el enemigo.
Depende del poder del Espíritu Santo, y no confíes en tus propias fuerzas; permite que el Espíritu Santo te guíe, te fortalezca y te dé poder en cada área de tu vida.
Gobierna tus circunstancias, y no te dejes gobernar por el miedo o la ansiedad. Con fe y oración, aférrate a las promesas de Dios y vive la plenitud de su propósito.
Esta vez oremos así:
Señor Dios, gracias por la autoridad que me has dado en Cristo. Ayúdame a vivir con fe, superando el miedo y las dificultades. Lléname con tu Espíritu Santo y capacítame para cumplir tu propósito. Declaro victoria sobre toda adversidad, porque soy tu hijo amado. ¡En el nombre de Jesús, amén!
Hno. Gunder