VIVIENDO EN PAZ CON TODOS

Hebreos 12:12 Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos débiles y de sus rodillas temblorosas. 13 «Hagan sendas derechas para sus pies» para que la pierna coja no se disloque, sino que se sane.

Advertencia a los que rechazan a Dios

14 busquen la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 asegúrense de que nadie quede fuera de la gracia de Dios, de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos, 16 y también de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un plato de comida vendió sus derechos de primogénito. 

Vivir en paz con todos, requiere esfuerzo, sacrificio y un corazón moldeado por el amor de Cristo. En un mundo lleno de conflictos, egoísmo y división, ser pacificador es un desafío, pero esencial para quienes desean reflejar la luz de Dios.

Hebreos 12:14 nos recuerda que vivir en paz no es una opción, sino un esfuerzo continuo al que Dios nos llama. Debemos buscar el bien de los demás, incluso cuando nos hacen daño. Somos llamados a perdonar, incluso cuando la herida aún duele; y esto es un llamado a cultivar la santidad, porque sin ella no veremos al Señor.

La santidad y la paz van de la mano, un corazón santo no guarda rencor ni alberga contiendas, sino que busca reconciliar, sanar y restaurar.

Jesús, el Príncipe de paz, es nuestro mayor ejemplo. Él nos enseñó a amar incluso a nuestros enemigos y a orar por quienes nos persiguen. Seguir sus pasos es el camino para vivir en paz con todos. Aunque no siempre recibamos la misma actitud, lo que importa es nuestra obediencia al llamado de Dios.

Vivir en paz con todos, comienza con acciones diarias: palabras amables, oídos atentos y gestos compasivos. Es una semilla que plantamos con fe, confiando en que; a su debido tiempo, dará frutos de amor y reconciliación. Seamos entonces, instrumentos de paz en el mundo, reflejando la santidad de Dios en nuestras relaciones.

Cambio de actitudes para vivir en paz con todos:

Practique el perdón: Perdonar libera nuestros corazones del peso del resentimiento. Jesús nos enseñó a perdonar setenta veces siete, demostrando que el perdón debe ser constante y sincero.

Sé manso y humilde de corazón: La mansedumbre apacigua los conflictos y une los corazones. La humildad evita la contienda y nos asemeja a Cristo, quien, aun siendo Rey, actuó con amor y sencillez en todas las situaciones.

Busca la reconciliación con sabiduría: La Biblia nos guía a resolver los conflictos antes de que se agraven. Dialogar con sabiduría y escuchar con empatía son pasos esenciales para construir la paz y mantener relaciones sanas.

Nuestra oración será:

Señor, enséñame a vivir en paz con todos. Dame un corazón manso, humilde y perdonador. Ayúdame a ser un instrumento de tu amor, promoviendo la reconciliación y la unidad. Quiero reflejar tu santidad en mis acciones diarias. Que tu paz gobierne mi corazón en todo momento. Amén.

Hno. Gunder.