Salmos 23:1 1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
23:2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
23:3 Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
23:4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
23:5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
23:6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Debido a un viaje, a un amigo le pidieron que mientras la familia estaba fuera, cuidara la casa y la mascota, un hermoso perro llamado Charly, entonces con mucho gusto mi amigo aceptó aquella tarea que le pareció sencilla.
El primer día la mascota no lo reconoció, se asustó mucho y comenzó a correr. Mi pobre amigo corría tras la mascota y esta a su vez corría más, mientras aullaba y ladraba; los vecinos rápidamente salieron para ver que era todo aquel circo, a los minutos el animal se cansó, y mi amigo pudo darle la comida.
¡¡ Amigos (as)!! … Por rara que parezca la situación, lo que vivió aquel animal me hizo recordar el Salmo 23. Encontré algo nuevo y profundo que comprender en este antiguo y conocido pasaje para brindar consuelo.
Los primeros cinco versículos dicen cómo Dios gentilmente nos guía, alimenta, se preocupa por nosotros y nos protege. No obstante, al llegar al verso 6 hay un cambio sutil, en lugar de hablar acerca de la manera en que Dios nos guía, el salmista habla de lo que nos sigue.
Según el texto, la bondad y el amor nos siguen, cuando seguimos a Dios. En otras palabras, su amoroso cuidado nos sigue a lo largo de toda nuestra vida.
Aceptando esto, ahora detente y tranquilízate, tu Padre Celestial está a tu lado, y allí quiere permanecer para cuidarte y sustentarte.
Gracias Señor por tu amor y cuidado, pero sobre todo gracias por estar siempre presente en nuestras vidas… “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por días sin fin.” (Salmos 23:6).
Hno. Gunder.