HOY PUEDO HACERLO

Mateo 6:25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

6:26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

6:27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

6:28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;

6:29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

6:30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

En ocasiones la vida se parece a un camino que se alarga, kilómetro a kilómetro a través de un desierto estéril; en el que no hay oasis a la vista. Entonces ¿cómo podemos lidiar con las complicadas responsabilidades cuando no parece haber alivio para nuestras cargas diarias?

Un hombre sufría de una enfermedad hereditaria que lo había incapacitado desde su nacimiento, él permaneció postrado y desvalido en su cama durante más de 30 años de vida, era incapaz de valerse por sí mismo. Día tras día y año tras año, sus padres le ponían la comida en la boca, le cambiaban los pañales, y, aun así, fueron capaces de mantener un hogar feliz.

Al presenciar día con día el terrible estado de este hombre, su hermano le preguntó a su padre cómo podían soportar aquella situación.

Él le explicó que ellos no se preocupaban por la larga sucesión de mañanas que podían tener por delante. Vivian un día a la vez, preguntándose: “¿Puedo alimentar a mi ser amado hoy?” Y la respuesta siempre fue: “Sí, hoy puedo hacerlo”.

Nuestro Señor Jesús también nos enseñó cómo manejar la rutina de la vida: “Así que, no se afanen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34).

Con fe y oración podemos dividir la vida y sus tareas difíciles, en “partes”, “un día a la vez”, confiando en la gracia del Señor y dejando el futuro impredecible en las manos de Aquel que promete que: “y tu fuerza sea como tus días” (Deut. 33:25).

Dios nos provee de todo lo que necesitamos un día a la vez. Deposita hoy todas tus frustraciones y problemas en Dios, verás cómo sientes que junto a Él la carga se hace más ligera.

“Así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos estaremos contentos con esto” (1° Timoteo 6:8)

Espero tus comentarios.

Hno. Gunder.