Hebreos 12:4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
12:5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.
12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
12:9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
12:10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Se dice que en ocasiones a algunos les falta fuerza y habilidad, pero lo compensan con pura determinación. Y quizás este tipo de personas que en realidad no tienen oportunidad de ganar en absoluto, son quienes más inspiran a sus compañeros de equipo, a sus amigos, y a las personas que ni siquiera los conocen.
Esta es la historia de un joven estudiante quien sufre de fuertes limitaciones de movimiento, sin embargo, es miembro del equipo de carreras a campo traviesa de su escuela secundaria, y corre en todas las carreras. Generalmente, al ganador le toma 15 minutos hacer el recorrido de cinco kilómetros; a Ben le toma 1 hora.
Una vez le preguntaron ¿por qué lo haces? Él lo explicó de la siguiente manera: “Me gusta mostrarle a la gente que no podemos dejar de intentarlo, debemos levantarnos y seguir adelante”.
Talvez a algunos creyentes les parezca que su carrera de la vida cristiana es a paso suave y ligero, sin esfuerzo aparente. Pero la mayoría, no tenemos un caminar tan atlético; y cojeamos a lo largo del camino cuando se trata de obedecer a Jesús.
En ocasiones nos apartamos del camino, tropezamos con obstáculos de poca importancia, usamos una técnica espantosa. Lo más fácil sería simplemente rendirnos, sentarnos al lado del camino, dejar que los demás pasen corriendo y echarnos allí a sollozar cuando caemos.
Pero la historia de este joven, nos debe animar ya que aun cuando no tengamos la energía, los talentos, los dones o el entrenamiento que tienen algunos creyentes, nuestro papel es el de aceptarnos a nosotros mismos, olvidarnos de las cuestiones de estilo y seguir adelante, con los ojos puestos fijamente en Jesús (Hebreos 12:2).
Sigue adelante, un glorioso grito de bienvenida te espera cuando llegues a la meta. Levántate y sigue adelante, porque a tu lado camina nuestro Señor.
El escritor sagrado dijo: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro, tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros” (hebreos 12:1).
Hno. Gunder
