Jeremías 23:21 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban.
23:22 Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.
23:23 ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?
23:24 ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
23:25 Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé.
23:26 ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?
Leyendo en estos días la vida y obra de Juan Wesley, me di cuenta que cada vez que enviaba jóvenes a predicar y volvían, les realizaba dos preguntas: «¿Alguien se convirtió?» y ¿Alguien se enojó?» Si la respuesta era no, a ambas preguntas, les advertía acerca de las implicaciones de entrar en el ministerio y lo que traía consigo.
Explicaba que cuando la Palabra de Dios se presenta con fidelidad, la gente cree o se vuelve antagónica, dicho en otras palabras, se opone.
El apóstol Pablo dijo a los creyentes de Corinto: «¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor. 9:16). Muchos predicadores en nuestros días no tienen la pasión que Pablo tenía por proclamar la verdad.
Ellos parecen estar más preocupados por evitar verdades o declaraciones, que puedan ser ofensivas a sus oyentes. En su deseo de ajustarse a las normas cambiantes del mundo, no se comprometen con Dios, y tuercen las palabras de la Biblia, en lugar de enfrentar al mal con valentía y amor. Dios advierte sobre aquellos que distorsionan Sus palabras.
A través del profeta Jeremías, declaró su oposición a los líderes religiosos al decir estas palabras: “sus sueños imaginarios son mentiras descaradas que llevan a mi pueblo a pecar. Yo no los envié ni los nombré, y no tienen ningún mensaje para mi pueblo.» (Jer. 23:32). En cambio, Dios pidió a sus profetas, «que proclamaran sus palabras con fidelidad» (v.28).
Hoy más que nunca, tenemos que orar para que los hombres de Dios, con valentía, se mantengan fiel a Su Palabra. Porque algunos «hombres de Dios» distorsionan la Palabra, por lo que dicen y hacen.
Pero hay otros de bendición que son fieles al proclamar lo que es correcto y verdadero. Al proclamar la verdad, usted debe saber cuál es, y quien es la Verdad.
Hno. Gunder.
