
Job 22:1 Respondió Elifaz temanita, y dijo:
22:2 ¿Traerá el hombre provecho a Dios?
Al contrario, para sí mismo es provechoso el hombre sabio.
22:3 ¿Tiene contentamiento el Omnipotente en que tú seas
justificado,
O provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?
22:4 ¿Acaso te castiga,
O viene a juicio contigo, a causa de tu piedad?
22:5 Por cierto tu malicia es grande,
Y tus maldades no tienen fin.
Es normal que, al pasar por tiempos de prueba y adversidad,
sintamos culpa y percibamos que algo anda mal debido a un error
que cometimos. Si bien es cierto siempre es bueno auto
examinarse con completa honestidad, no debemos recriminarnos
constantemente por nuestras faltas y fracasos pasados, si ya
hemos pedido perdón a Dios por ellos y en su momento también
pedimos perdón a las personas que herimos.
Tampoco debemos dejar que otros traten de hacernos sentir
culpables, recordándonos errores pasados cuando pasamos por
momentos problemáticos. Ese fue el error de los amigos de Job,
en este caso el de Elifaz, aunque acertó al decirle a Job que
cuando hacemos lo correcto, sólo estamos haciendo lo que Dios
requiere y por tanto no deberíamos esperar alabanza, ni
recompensa de parte de Dios (Job 22:3). Esto muestra que Elifaz
tenía un conocimiento de las normas morales basadas en el
conocimiento de Dios; sin embargo, se equivocó al insistir en que
el origen de los problemas de Job, era el resultado de su propia
maldad (Job 22:5). También cometió un error al asegurarle que
Dios lo bendeciría y le daría alivio inmediato si se arrepentía del
“error” que estaba cometiendo.
¿Saben amigos (as)? … La mayoría de nuestros problemas son el
resultado de nuestros propios errores. Pero, nunca debemos
olvidar que Dios usa esas pruebas para que aprendamos lecciones
valiosas para nuestro crecimiento, y también nos prepara para
poder ayudar a otros cuando enfrentan problemas similares. La
vida siempre estará llena de circunstancias y pruebas; cuando se
nos presenten, no concluyamos de inmediato que son por culpa de
un pecado. Oremos al Señor y pidamos su guía y consuelo para
entender cuál es el origen de esos problemas; si después de hacer
ese autoexamen no hayamos un origen, pidamos a Dios fortaleza
para no desfallecer y confiar aún más en que Dios tiene todo el
control de su plan perfecto. Con ello seremos capaces de ser de
ayuda, cuando otros enfrenten problemas o cuando tengan que
esperar con esperanza en la misericordia del Señor.
El mismo apóstol Pablo, confirma este principio al escribirnos que
Dios le consolaba en sus pruebas para que él pudiese consolar
también a otros. Dice 2° Cor. 1:3-4, “Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda
consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras
tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que
nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros
podemos consolar a los que están en cualquier tribulación”.
Recuerda…Dios puede transformar las pruebas en triunfos.
Hno. Gunder.