YO SOY HUMILDE

Números 12:1 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la
mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer
cusita.
12:2 Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha
hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová.
12:3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los
hombres que había sobre la tierra.
12:4 Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros
tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres.
12:5 Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se
puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y
salieron ambos.
12:6 Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños
hablaré con él.
12:7 No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa.
Seamos muy honestos, ¿qué pensarías si oyeras o leyeras sobre
alguien que se refiere a sí mismo como “humilde”?  Quizás
pensarías: “Esta persona es un tanto arrogante” o, “Alguien
debería decirle que eso no se hace, ya que en el momento que te
refieres a ti mismo como humilde, dejas de serlo”.
Hablando en términos generales, no es buena idea que nos
promovamos orgullosamente. Si tratamos de hablar a los demás
acerca de nuestra propia humildad, generalmente lo único que
promovemos es nuestra propia insensatez.
Al pensar en esto, ¿qué hemos de hacer con Números 12:3? Allí es
donde el escritor Moisés dice: “Moisés era un hombre muy
humilde. En toda la tierra no había nadie más humilde que él”
(RVA).
Existen varias posibles explicaciones a la afirmación de Moisés
sobre ser humilde. Algunos eruditos sugieren que alguien añadió
esta línea después de que Moisés escribió el libro de Números.
Otros dicen que la palabra traducida como “humilde”, puede y
debe traducirse como “manso” o “abatido”, lo cual implica las
luchas con sus hermanos María y Aarón, y por supuesto con su
pueblo rebelde. Pero, una tercera opción es que esas palabras
eran totalmente ciertas, la Biblia es la Palabra de Dios para
nosotros, y Él supervisó cada una de ellas.
Moisés, el gran líder del pueblo y un hombre que realmente vio a
Dios en el monte Sinaí, mantuvo su humildad. No trató a los demás

con prepotencia debido a su posición. No hizo alarde de sus
estrechos lazos con el Padre. No dejó que el poder lo corrompiera.
Exhibió un verdadero liderazgo espiritual al tiempo que mantuvo
su ego bajo control.  Entonces, el misterio no fue lo que Moisés
dijo, sino lo que hizo con ese poder y responsabilidad que Dios le
dio.
El liderazgo se muestra con el servicio, no es algo que se te sube a
la cabeza y te controla para hacer que otros hagan lo que tú no
quieres hacer, o para satisfacer tus deseos. La humildad se
demuestra con el testimonio y se honra a Dios con ello.
El apóstol pablo sabía mucho de humildad, por eso escribió… “No
hagan nada por contienda o por vanagloria. Al contrario, háganlo
con humildad y considerando cada uno a los demás como
superiores a sí mismo” (Filipenses 2:3).

Hno. Gunder.