
LEVÍTICO 16:3 Con esto entrará Aarón en el santuario: con un
becerro para expiación, y un carnero para holocausto.
16:4 Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá
calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de
lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir
después de lavar su cuerpo con agua.
16:5 Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos
machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.
16:6 Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y
hará la reconciliación por sí y por su casa.
16:7 Después tomará los dos machos cabríos y los presentará
delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.
16:8 Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una
suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.
16:9 Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la
suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.
16:10 Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por
Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la
reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.
El uso moderno de la palabra chivo expiatorio se refiere a alguien
quien injustamente es culpado por algo, y cuando una persona se
convierte en un chivo expiatorio, por lo general es contra su
voluntad. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, Adolfo
Hitler culpó a los judíos europeos y los convirtió en chivos
expiatorios de todas las dificultades económicas de Alemania.
No obstante, el origen de la palabra en realidad viene de la
ceremonia que los judíos celebran una vez al año, el Día hebreo de
la Expiación, conocido hoy como Yom Kippur. En Levítico 16
leemos cómo dos machos cabríos eran escogidos por el sumo
sacerdote; uno era seleccionado echando suertes para ser
sacrificado por el pecado de los israelitas, mientras que el otro se
convertiría en chivo expiatorio para llevarse la culpa por los
pecados.
Estos machos cabríos eran símbolos de Jesús y de lo que Él iba a
hacer por nosotros. Jesús dio voluntariamente su vida una vez
para siempre, expiando así los pecados de “todo el mundo”. El
primer cabrito que era sacrificado como ofrenda por el pecado del
pueblo de Dios, simbolizaba el sacrificio de Jesús en la cruz.
El otro cabrito, el chivo expiatorio, representaba al Jesús
completamente inocente que aceptaba y quitaba el pecado y la
culpa, enviándolos donde no se pueden volver a encontrar, al lugar
más recóndito del desierto, o tal como lo describe el libro de
Miqueas 7:19: “Volverá a compadecerse de nosotros. Pisoteará
nuestras iniquidades y echará nuestros pecados en las
profundidades del mar”.
¿Alguna vez has deseado tener un chivo expiatorio? Ninguno de
nosotros está sin pecado: “Todos nosotros nos descarriamos como
ovejas; cada cual se apartó por su camino. Pero el Señor cargó en
él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).
Jesús es nuestro chivo expiatorio. Cuando ponemos nuestra
confianza en Él, obtenemos perdón total por todo lo que hemos
hecho o haremos mal. Dios nos ve como si no tuviéramos culpa
porque Jesús cargó con ella.
Pensemos en las palabras del apóstol cuando escribió “Él es la
expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros
sino también por los de todo el mundo.” (1° Juan 2:2).
Hno. Gunder