
Hechos 1:1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas
las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,
1:2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado
mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había
escogido;
1:3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó
vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante
cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.
1:4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén,
sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis
de mí.
1:5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros
seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.
1:6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo:
Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
1:7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las
sazones, que el Padre puso en su sola potestad;
1:8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
La historia cuenta que el famoso violinista Fritz Kreisler, era una
persona un tanto excéntrica en sus gustos y gastos; la mayoría de
lo que ganó lo donó a la caridad. No obstante, una vez en uno de
sus innumerables viajes le prestaron un extraordinario violín para
que tocara en una de sus funciones, intentó comprarlo, pero el
precio solicitado era muy alto y en ese momento no contaba con el
dinero requerido.
Meses después, Fritz consiguió hacerse de un ahorro que le
permitía acceder a aquel preciado instrumento, pero para su
infortunio el violín había sido vendido a un coleccionista de
antigüedades. Decididamente fue en búsqueda de aquel hombre a
quien le ofreció comprarle el violín.
El coleccionista sabía mucho de instrumentos musicales antiguos
y para ese momento este violín se había convertido en la pieza
central de su colección, y por lo tanto no quería venderlo.
Muy triste por aquella noticia, el músico le pidió que al menos le
permitiera tocar una vez aquella bella pieza de artesanía musical
antes que fuera encerrado en una fría casa de cristal, donde ya
nunca más oirían resonar sus espléndidas notas. El coleccionista
le concedió el permiso y rápidamente la habitación se llenó de una
música tan conmovedora que lo hizo recapacitar, y dijo: “No tengo
el derecho de quedarme con este instrumento, llévelo al mundo
para que las personas también puedan deleitarse al igual que yo”.
¡Amigos(as)!! Para los pecadores salvos por la gracia de Dios, el
evangelio es como la más bella armonía del cielo. No tenemos el
derecho de quedárnoslo y no compartirlo.
El Señor quiere que compartamos el mensaje de salvación con un
mundo que necesita oírlo. ¿Alguien te habló de Jesús? ¿Le has
hablado últimamente a alguien sobre Jesús y su maravilloso
mensaje de Salvación?
Recordemos siempre el buen consejo de Jesus… “Y les dijo:
“Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda
criatura.” (Marcos 16:15).
Hno. Gunder.