ADVERTENCIA Y CONSECUENCIA

Isaías 53:1¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se
ha manifestado el brazo de Jehová?
53:2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca;
no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo
para que le deseemos.
53:3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de
dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de
él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
53:4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y
abatido.
53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su
llaga fuimos nosotros curados.
53:6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se
apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos
nosotros.
53:7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue
llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca.
Al inicio de la historia humana, se le dio al primer hombre una
advertencia y con ella una consecuencia: “pero del árbol del
conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que
comas de él, ciertamente morirás” (Gén.2:17), ya sabemos lo que
pasó, la primera pareja desobedeció y debido a ello, toda persona
nacida desde ese entonces ha pecado (porque todos pecaron y no
alcanzan la gloria de Dios – Rom.3:23).  Hasta este momento todas
eran malas noticias para el ser humano.
Más Dios decidió intervenir y mostrar misericordia, ofreciéndonos
un medio de rescate; sin embargo, debido a su naturaleza santa,
no podía pasar por alto y a la ligera el pecado cometido y
sencillamente decir: “Les perdono, simplemente olvidemos los
deslices y errores que han tenido, después de todo tan sólo son
humanos”.  El castigo por el pecado debía pagarse y la culpa debía
eliminarse.
Cuando comprendemos esta cruda realidad, empezamos a
entender verdaderamente, el valor y precio del sacrificio que el
Señor realizó por nosotros, tomó nuestro pecado, pagó por nuestra
culpa, tal como lo profetizó el profeta Isaías en el capítulo 53; y su
resurrección es la prueba de que el sacrificio que realizó, fue

aceptado por su Padre Celestial satisfaciendo de esta forma la
justicia divina.
Su muerte no fue accidental, no se produjo como consecuencia de
una casualidad o por decisiones equivocadas, Jesús dio su vida
para que nosotros pudiéramos vivir, era algo que tenía que ocurrir
y era parte de su plan perfecto;  fue tan sólo por gracia y su
sacrificio sigue siendo igual de efectivo hoy, su oferta de perdón
sigue vigente, tal como lo dice Juan 3:16: “Porque de tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo
aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.”
¿Quieres tener vida eterna? Entonces, reconoce tu condición
pecadora y acepta la solución que Cristo te ofrece. La justicia y
misericordia de Dios, coincidieron en la cruz.
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se
apartó por su camino. Pero el Señor cargó en él el pecado de todos
nosotros” (Isaías 53:6).

Hno. Gunder