¡CUÁN GRANDE ES DIOS EN QUIEN HAS CONFIADO!

Éxodo 15:1 Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este
cántico a Jehová, y dijeron:
Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente;
Ha echado en el mar al caballo y al jinete.
2 Jehová es mi fortaleza y mi cántico,
Y ha sido mi salvación.
Este es mi Dios, y lo alabaré;
Dios de mi padre, y lo enalteceré.
3 Jehová es varón de guerra;
Jehová es su nombre.
4 Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército;
Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.
5 Los abismos los cubrieron;
Descendieron a las profundidades como piedra.
Ese día debió haber sido impresionante, lleno de emociones,
recuerdos tristes y alegres al mismo tiempo, todo debido a que por
fin habían cruzado el mar de Rojo, uno de los últimos obstáculos
naturales que los separarían de sus viejas vidas.
Pero de ninguna forma fue sencillo, habían sido testigos
presenciales de la poderosa acción de Dios por medio de diez
señales que mostraron sin lugar a dudas quien era el Dios
verdadero, lo cual les permitió salir de su esclavitud en Egipto.
Aunque los dejaron ir, luego de muy poco tiempo el faraón cambió
de parecer, ordenó perseguirlos y ahora estaban frente al mar.
Los habían seguido hasta ese lugar con lo que tenían a mano:
carros de guerra, caballería y su ejército completo, todo con el fin
de vengarse por la milagrosa liberación divina, tal como leímos
en Éxodo 14:5-9.

Esto hizo que el pueblo sintiera temor y levantara su clamor
delante de Dios, aunque no faltaron algunos que comenzaran a
quejarse porque creían que el Señor los había llevado a morir en
aquel lugar.
Moisés los corrigió rápidamente y les recordó que debían tener fe
y estar firmes en ese momento. El Señor tuvo misericordia de
ellos, y abrió ante sus ojos el mar Rojo para que cruzaran al otro

lado (Éxodo 14:21). Adicionalmente, mientras cruzaban, el Señor
detuvo a los egipcios con una nube durante el día y una columna
de fuego por la noche. Cuando se encontraban casi al final del
recorrido, los egipcios creyeron que también podían beneficiarse
del milagro del cual estaban siendo testigos y se apresuraron a
seguirlos; pero el Señor les confundió y cerró nuevamente el mar
destruyendo al ejército de Faraón (Éxodo 14:23).
Fue entonces cuando empezó la celebración. El pueblo reconoció
la fortaleza, guía, santidad, y grandeza de Dios, agradeciendo por
su salvación (Éxodo 15: 2-18).  Derramaron su adoración sincera
delante del Dios que los había redimido.
Si no lo has hecho aún, repasa hoy la forma cómo Dios ha tocado
tu vida, adóralo, recuerda que el Dios que dividió el mar es el
mismo que camina a tu lado en los momentos más complicados de
tu vida.
Nuestro Dios merece que continuamente le brindemos una
adoración y agradecimiento sinceros.
Esta fue la oración del pueblo de Dios … “¿Quién como tú, oh
Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad,
temible en hazañas dignas de alabanza, hacedor de maravillas?”
(Éxodo 15:11).

Hno. Gunder.