Romanos 16:1 s recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea;
2que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.
3Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús,
4que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.
5Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.
6Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros
En un viaje a la playa, Esteban y su hija Silvia habían llevado su pequeño bote a motor para ir de pesca. Mientras estaban pescando, pudieron ver otro bote que estaba en problemas pues habían perdido sus motores, y peligrosamente se acercaban a la orilla llena de rocas filosas.
Entonces ellos valientemente dirigieron su pequeño bote en medio de las aguas turbulentas hacia la orilla, y rescataron a las personas que se encontraban en problemas. Estas personas agradecieron la valentía de este padre y su hija por su corazón compasivo y mano firme, al arriesgar su vida para rescatar a otros.
El apóstol Pablo nos habla de otro equipo formado por un hombre y una mujer colaboradores suyos en la obra del Señor, se trata de Priscila y Aquila, quienes también se arriesgaron para rescatar a otros. Sobre ellos señaló: “expusieron sus cuellos por mi vida, y a quienes estoy agradecido, no sólo yo sino también todas las iglesias de los gentiles” (Rom. 16:3). El apóstol no dice exactamente a qué se refería al utilizar la palabra “expusieron”.
Pero como los azotes, el encarcelamiento, los naufragios y las amenazas de muerte eran situaciones tan habituales en el ministerio del apóstol, es fácil ver cómo esta pareja probablemente se arriesgó a ello por ayudar a su amigo.
Al parecer, consideraban que rescatar a Pablo era más importante que mantenerse a salvo. Mostrar la valentía para rescatar a otros, ya sea de peligros físicos o espirituales, suele implicar riesgos para quien lo realiza. Pero, al exponer nuestra seguridad para ayudar a otras personas, reflejamos el corazón de nuestro Salvador, quien renunció a tantos privilegios para beneficiarnos.
Al exponernos por los demás para expresarles el amor de Dios por ellos, estamos demostrando con nuestras acciones que cada día comprendemos y asimilamos más lo que Jesús hizo por nosotros.
Demostrar valentía casi nunca implica un riesgo físico, lo que sí implica es la decisión de dejar nuestra zona de seguridad y empezar a confiar más y más en la voluntad perfecta de Dios.
Hno. Gunder.
