2° Pedro 1:3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,
4por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
5vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
Muchos de nosotros hemos visto los campos de maíz, con sus espigas verde oscuro y las cabezas de trigo dorado que se entremezclan suavemente con el viento que sopla entre los campos. También hemos sido testigos de la belleza de los jardines primaveralmente floreados, con los tulipanes, las gardenias, y las rosas de exuberantes aromas, mientras que los girasoles se levantan buscando el sol que diariamente calienta sus pétalos.
Por otra parte, muchos también hemos presenciado lugares en los cuales, debido al descuido, ha crecido la mala hierba a su gusto, ahogando cualquier otra planta que intente tratar de crecer.
Al hacer una comparación entre estos dos tipos de terrenos con la vida espiritual, nos encontramos con lo escrito por el apóstol Pedro en la lectura que hicimos hoy: “Porque cuando estas cosas están en ustedes y abundan, no los dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2° Ped.1:8). El apóstol escribe a los creyentes con el propósito de que sean diligentes y productivos espiritualmente hablando, los impulsa a fortalecer y desarrollar cualidades tales como:
fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, devoción, amor fraternal y amor (v.5-7).
Para que esto suceda, se requiere de un esfuerzo que exige trabajar verdaderamente en nuestra relación con Dios, leyendo diariamente la Palabra de Dios, hablando con Él cotidianamente, resistiendo la tentación, obedeciendo los principios aplicables para nuestros tiempos y compartiendo con otros las buenas nuevas que Dios tiene para la humanidad.
Tener este comportamiento nos ayudará a lograr estabilidad espiritual y a cumplir con nuestro llamado de compartir el evangelio. ¿Qué tan productivo eres en tu vida espiritual? “…A la verdad, la mies es mucha pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Luc.10:2)
Una vida fructífera espiritualmente, es una vida gozosa.
El apóstol Pablo escribió estas sabias palabras… “Y digo esto: El que siembra escasamente cosechará escasamente, y el que siembra con generosidad también con generosidad cosechará.” (2° Cor. 9:6)
Hno. Gunder.
