EL MAS ALTO COSTO

Efesios 1:3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

1:4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

1:5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

1:7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

1:8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

1:9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,

Al inicio de mi carrera radial, tuve la bendición de grabar un spot publicitario de una reconocida tarjeta de crédito, el cual me hizo muy popular en mi ciudad. El anuncio en cuestión iniciaba así… “Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe …”, luego se indicaba el nombre comercial de la conocida tarjeta de crédito.

Y es que en un mundo tan comercial como el que vivimos, una persona con suficiente dinero puede comprar o acceder a muchas cosas, por ejemplo, pagar por una mejora en su celda de cárcel, cuando está presa. También se dice que un magnate compró una isla hawaiana llamada Lani, se la vendieron por 300 mil millones de dólares con absolutamente todo, ya que cuenta con dos hoteles de lujo y un poblado con 3,200 habitantes.

No obstante, como dice el eslogan hay cosas que el dinero no puede comprar y una de ellas es la redención que significa la libertad del dominio del pecado.

 Cuando el apóstol Pablo empezó a escribir sobre la naturaleza inestimable del plan de Dios para la salvación por medio de Cristo, su corazón irrumpió en alabanza: “En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros…” (Efesios 1:7-8).

La muerte de Jesús en la cruz fue el más alto costo de todos los tiempos ya que se pagó para liberarnos del pecado. Y solamente Él podía pagar ese precio, porque es el perfecto Hijo de Dios.

La respuesta natural ante una gracia tan generosa pero también costosa, es una alabanza espontánea y de corazón, y una consagración al Dios que nos compró por medio de Jesucristo. ¡Alabado sea nuestro Dios amoroso!; ¡Él vino para darnos libertad!

Y muy bien escribió el apóstol pablo… “En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).

Hno. Gunder.