
Mateo 21:1 Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé,
al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,
21:2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y
luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y
traédmelos.
21:3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y
luego los enviará.
21:4 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el
profeta, cuando dijo:
21:5 Decid a la hija de Sion:
He aquí, tu Rey viene a ti,
Manso, y sentado sobre una asna,
Sobre un pollino, hijo de animal de carga.
Nunca podemos exagerar la grandeza de Cristo. Como la persona
de preeminencia en la historia, Él es digno de nuestro amor y
nuestra alabanza.
En su famoso libro “La Búsqueda de Dios”, se le rindió tributo a
Frederick Faber, el inglés que escribió el cántico >La Fe de
Nuestros Padres<. Su autor dijo: «Su amor por la persona de Cristo
era tan intenso que amenazaba con consumirlo; ardía dentro de
él… y fluía de sus labios como oro fundido. En uno de sus
sermones dijo: `Dondequiera que nos volvamos en la iglesia de
Dios, Jesús está allí. Él es el comienzo, el medio y el final de todo
para nosotros … No hay nada bueno, nada santo, nada bello, nada
gozoso que Él no sea para Sus siervos …
Saben Amigos(as) … Nadie tiene que ser abatido, por cuanto Jesús
es el gozo del cielo, y es Su gozo entrar en los corazones
apesadumbrados. Podemos exagerar en muchas cosas, pero
nunca podemos exagerar nuestra obligación con Jesús, o la
compasiva abundancia del amor de Jesús hacia nosotros.
Podríamos hablar de Jesús durante toda nuestra vida y, sin
embargo, nunca debemos dar por terminado todo lo dulce que se
podría decir de Él.
En el próximo culto, levantemos alegres hosannas de alabanza al
Rey de reyes. Jesús merece siempre nuestra adoración amorosa.
¡Verdaderamente Él es el Preeminente!
Hno. Gunder.