QUIERO MORIR

Llegue muy niño a vivir al barrio El Colorado, barrio sencillo, humilde, lleno de gente trabajadora. Pescadores, comerciantes, y ferroviarios, en mi querido Iquique (Chile).

El negro Silva era empleado ferroviario, tenía un hijo hermoso que se llamaba Claudio. El niño jugaba siempre con un perro blanco y negro, se llamaba colo-colo, por su parecido con la tenida del popular equipo deportivo; era un perro vagabundo, amigo de todos los chicos del barrio.

Un día, sucedió la desgracia. El perro se puso rabioso y mordió al niño, debido a que el padre, (Sea por obstinación o ignorancia) se había negado a vacunar al perro contra la rabia, Claudio contrajo la espantosa enfermedad. Los médicos lucharon por salvarlo, pero la salud del pequeño se fue agravando. Antes de morir, en uno de las últimas crisis y convulsiones terribles de la enfermedad, Claudio mordió a su padre y a su madre, mientras ellos trataban de calmarlo.

La madre se sometió en seguida a un tratamiento antirrábico, pero el padre, rechazó el tratamiento. El hombre se sintió culpable de la muerte de su hijo, así que quiso morir de la misma enfermedad. Y estas fueron sus palabras… «Si actué mal al no hacer vacunar al perro, quiero morir de la misma enfermedad para expiar mi culpa.»

No es difícil comprender el estado de ánimo de ese pobre padre, quien sufría profundamente por la enfermedad mortal de su hijo. Eran los años 60, no existía la medicina de hoy, su vida era un calvario porque estaba convencido de que él tenía la culpa. – Pero no por eso tenemos que compartir su punto de vista, aun así, cuando tuviera la culpa, no era él quien debiera expiarla.

¡¡Amigos!! Según el Diccionario Larousse, «expiar» significa «reparar una culpa por medio de un castigo o sacrificio». Eso era precisamente lo que pretendía hacer Ernesto Silva…el negro silva… reparar su culpa mediante el sacrificio de sí mismo.

Lo que él no comprendía, al igual que muchos otros en la actualidad, es que hay Uno solo capaz de expiar o reparar la culpa de cualquier ser humano. Se trata del Señor Jesucristo, y cabe la pregunta… ¿por qué sólo Cristo?

¿Saben Amigos (as)? Nadie puede expiar su propia culpa, y por consiguiente nadie tiene que morir por su propia redención, porque nadie satisface el requisito divino.

En la justicia divina, era necesario que el que expiara la culpa del mundo fuera intachable. Y el único que jamás pecó fue Jesús. A diferencia del negro Silva, la vida de Cristo no fue un calvario por sentir él que tenía alguna culpa. Al contrario, Cristo se sacrificó y murió en el Calvario por nosotros a fin de satisfacer ese requisito divino de que el sacrificio fuera intachable.

Por eso Juan el Bautista, al ver que Cristo se acercaba, anunció… «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» Juan sabía de antemano que el sacrificio de Cristo habría de ser el único aprobado por Dios para expiar nuestra culpa.

De modo que cuando sintamos la carga de nuestra culpa, no pensemos que nosotros mismos podemos hacer algo para salvarnos, como pensaba el negro Silva. Recordemos más bien que es Cristo quien quita el pecado del mundo, como declaró Juan el Bautista, y digámosle a Cristo… «Gracias, Señor, por dar tu vida por mi enfermedad mortal… que es mi pecado a fin de expiar mi culpa.»

Hno. Gunder.