UN MUNDO IMPERFECTO

Mateo 6:19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;

6:20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

6:21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

6:22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;

6:23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Lo que les voy a contar fue real, y le sucedió nada más y nada menos a una IGLESIA PENTECOSTAL DE CHILE. Los hermanos habían terminado de construir la Casa del Señor, con mucho esfuerzo, y se preparaban para su inauguración el próximo Domingo. Habían invitado para esta fiesta, a varias autoridades de gobierno, y también al obispo nacional de la corporación.

Pero la noche anterior a su inauguración, un incendió consumió todo el pequeño templo en pocos minutos, dejando detrás tan sólo escombros, desolación y humo, todo al parecer por una vela encendida que se volcó. Los lamentos, la tristeza y el desconsuelo en la hermandad era terrible. ¡¡Amigos (as)!! … Vivimos en un mundo imperfecto, en el cual es sumamente fácil perder bienes materiales como consecuencia, por ejemplo, de un robo o colisión en el caso de vehículos, desperdicio de alimentos debido a un error humano, destrucción o deterioro de edificios, inundación de hogares debido a una tormenta y sustracción o desfalco de bienes. Es por esta razón que sigue siendo válido el recordatorio de nuestro Señor Jesús de no confiar en las riquezas terrenales (Mateo 6:19).

El Señor Jesús narró la historia de un hombre que acumuló muchas riquezas y decidió almacenarlas (Lucas 12:16), no obstante, lo que no sabía era que aquella misma noche lo perdería todo, incluso su vida. El Señor concluyó: “Así es el que hace tesoro para sí y no es rico para con Dios” (Lucas 12:21).

Las riquezas materiales son fugaces. Por supuesto, nada dura para siempre; excepto lo que hacemos por los demás en nuestro servicio para el Señor. Ponte como meta dar tu tiempo y recursos para difundir el evangelio.

Visita a quienes están solos y ayuda a los que tienen necesidad, puedes hacer la diferencia en un mundo imperfecto y necesitado del amor de Dios.

“Más bien, acumulen para ustedes tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no se meten ni roban” (Mateo 6:20).

Hno. Gunder.